Hola, soy Lucas Cejas Faccini, Técnico, locutor y proximamente docente. Me gusta hace años enseñar, me resulta divertido, siempre y cuando alguien quiera aprender. Es una forma de compartir el tiempo y los descubrimientos. Mis comienzos en la educación fueron hace unos años con adultos, personas que no conocían las redes sociales o como usar el paquete Office.
En mi familia no soy el primero con ganas de enseñar, mi madre es profesora de educación física y mis hermanas de historia y la otra es recreologa y acróbata.
De color negro, sus plumas son. Las limpia con su pico de color gris, pareciera que buscara algo entre sus plumas. Algún recoveco donde almacenar algo mientras vuela. Primero un lado y después otro. Un ala a la vez, pluma por pluma. Acomoda sin prisa y con mucha calma. Nadie lo apura. El viento sopla sobre la montaña, pero está bien agarrado a la piedra, cerca se du nido. Una vez que termina de limpiar y acomodar sus plumas, mira hacia, el horizonte. Sabe que tiene que traer alimento. Lo que no sabe es donde encontrarlo. A pesar de esto levanta vuelo y se deja caer y deslizar sobre las diferentes corrientes del viento. Cayendo libremente va, de izquierda a derecha. En cada aleteo observa por debajo de sus alas buscando algo para llevar.
A pesar de no saber donde… vuela y busca.
Al encontrar alimento, toma un poco para él… y el resto, el resto que entra en su boca, es para los del nido.
Querer ser como un pájaro, llevando solo lo que mi boca puede transportar.
Camino por allí y me parece oler aroma de artista.
En esos pasillos, esos camarines tienen algo.
Algo que huele a tristeza. A penas y alegrías. Amor y odio. A viejo y a nuevo. Ese teatro, esas tablas, esas cortinas.
Es… como el equilibrio para los trapecistas y malabaristas. Como el cemento para el albañil. Es Aroma de artista. Es el aire que respiro al subir a escena… Es saber que el actor se queda en los zapatos que entraron al teatro.
El personaje cobra vida con cada respiro de café la humedad.
El personaje tiene ese aroma que trajo el artista.
Lo tiene luego de calles caminadas, sensaciones vividas, noches dándole vida a la luz que lo hace.
Como ese vaporcito que sale del café, que se va a perdiendo en el aire se prende también el recuerdo del actor en el espectador.